
El nombre de Hahn uno lo ha oído, sobretodo si estudió literatura, mas nunca tuve un incentivo ni una obligación para ponerme a leerlo. Diagmos que no me había tocado toparme con Hahn.
Una vez lo vi un rato en el programa de Warnken, pero eso no me dice mucho por qué este hombre sería un candidato al premio nacional de literatura, ni al de literatura popular. Él hablaba un poco de su obra y contaba cosas chistosas que le pasaban afuera, como cuando conoció a Mircea Eliade. Ése ha sido uno de los pocos programas que he visto completo.
Tengo que confesar que voté por Hahn aquí en La Pollera sólo por que me cayó bien en el programa. Pero acabo de leerlo por primera vez y ahora que tuve el gusto no me arrepiento para nada.
Óscar Hahn es iquiqueño, y ha sido profesor de literatura en distintas universidades, hoy en Iowa. Se dice que trabaja principalmente con dos grandes temas: la muerte y el amor, se dice también que mezcla artículos periodísticos y de otros poetas, que usa en un mismo verso chilenismos y frases tomadas de poetas españoles. Todo eso lo dicen, cito a memoria chilena, “la crítica especializada”. Si ud. prefiere eso, vaya allá, le dejo el link: http://www.memoriachilena.cl/temas/index.asp?id_ut=oscarhahn,(1938-). Aquí encontrará solamente las impresiones de un lector que frecuenta poco la poesía chilena, cuya curiosidad para leer un libro completo no había llegado más lejos que una edición de la primera mitad de las obras completas de Nicanor. Si hay algún otro libro en mi conocimiento, no cayó ahí por iniciativa propia.
Lo primero que me llamó la atención de la poesía de Hahn, que es lo que hace que den ganas de seguir leyendo, es su elección de temas. Con nada más ver los títulos pareciera que Hahn es un poeta accesible, que ve el mismo mundo que uno está viendo, pero él sabe cómo decirlo.
Quizás el poema Anotaciones en el diario de Rimbaud, se escape de eso, es tremendamente ingeniosa la elección de la voz que recita. Me gustan los poemas narrativos y éste está revestido de curiosidad por la alusión al destino final del poeta maldito. Me gustó además la idea: si Rimbaud no publicó más poemas no quiere decir que no escribía, solamente que siguió escribiendo sólo para él. Este poema es una imaginación que se mete a otro poeta y habla por él.
A esto mismo se le suman otros escritos en los que el narrador asume a ratos voces de personajes objeto que utiliza para transportarnos a perspectivas distintas como lo es una sábana, la tiza o el horror mismo en Adolfo Hitler que medita sobre el problema judío.
La primera vez que uno se enfrenta a la melancolía de cada verso de Visión de Hiroshima o la precisión de la descripción en Televidente o a la originalidad contradictora de la Invocación al lenguaje, termina de leer con una sonrisita en la cara, parafraseando a Zurita al presentar los Sonetos de Hahn, nada que decir ante un poema tan bueno. Leyendo a Hahn recibo facilmente lo que esperaba de la poesía: una mirada particular, un sentimiento o una sensación, y todo muy bien dicho.
Sé que sólo leí una mísera colección Google como para postular a Hahn a un premio, menos a uno nacional, y menos aun a uno de literatura, pero sí a uno popular porque yo no elijo. Sin embargo fui justo, leí la misma selección informal de cada candidato.
Y aun después de eso insisto, vote por Óscar Hahn, y antes de votar léalo, le aseguro que no sólo le va a caer bienl.




















